El Ejército Romano

Publicado el 2 de febrero de 2026, 14:18

I. EL EJÉRCITO ROMANO COMO SISTEMA DE REPRODUCCIÓN CORPORAL

1. Del campesino armado al profesional permanente

El paso decisivo en la historia militar romana no fue una innovación táctica concreta, sino una transformación estructural: la profesionalización progresiva del ejército a partir de finales del siglo II a.C., asociada tradicionalmente a las reformas de Cayo Mario.

Antes de ello, el ejército republicano estaba compuesto por ciudadanos propietarios que servían temporalmente. El servicio militar estaba ligado al censo y al deber cívico. Tras la campaña, el soldado regresaba a su campo. Esto implicaba que el mantenimiento corporal del combatiente no recaía exclusivamente en el Estado; el campesino se alimentaba dentro de su estructura doméstica habitual.

Nuevos reclutas. Ilustrador Adam Hook

Con la profesionalización, cambia la lógica: el Estado asume la responsabilidad prolongada sobre el cuerpo del soldado. Ya no es un agricultor que combate ocasionalmente. Es un militar cuya vida cotidiana se desarrolla durante décadas en entornos castrenses.

Esto tiene implicaciones enormes:

  • El Estado debe garantizar suministro continuo.
  • El Estado debe prever enfermedades y desgaste.
  • El Estado debe gestionar reemplazos generacionales.
  • El Estado debe estabilizar moral y cohesión.

La pregunta ya no es cómo ganar una batalla. Es cómo mantener diez, veinte o treinta legiones operativas durante años.

Peter Erdkamp ha insistido en que la verdadera revolución romana fue logística, no táctica.¹ Sin control agrario, tributario y de transporte, la profesionalización habría sido imposible.

El ejército se convierte así en una institución que no solo combate, sino que organiza la reproducción física de sus miembros.

2. El campamento como máquina de orden

Polibio dedica un largo pasaje a describir el campamento romano (Hist. VI). No lo hace por curiosidad arquitectónica. Lo hace porque ve en su organización geométrica la clave de la superioridad romana.

Cada campamento reproducía:

  • División jerárquica clara.
  • Distribución funcional.
  • Simetría espacial.

Esto tiene consecuencias corporales. El orden espacial reduce incertidumbre, facilita respuesta rápida y crea hábitos repetitivos.

El soldado romano vive en una estructura que:

  • Le impone rutina.
  • Regula sueño.
  • Organiza alimentación.
  • Distribuye tareas.

Campamento romano según Polibio

El campamento no es solo defensa física. Es dispositivo disciplinario.

Michel Foucault, siglos después, hablaría de instituciones que producen cuerpos dóciles y útiles. Aunque anacrónico aplicarlo directamente, el caso romano muestra un antecedente histórico claro: disciplina como práctica cotidiana inscrita en espacio y rutina.


II. ALIMENTACIÓN: SISTEMA AGRARIO Y ORGANIZACIÓN IMPERIAL

1. El trigo: más que alimento, eje político

Cuando Polibio menciona la ración de trigo, no está describiendo un detalle doméstico. Está señalando un elemento estructural.

El trigo era:

  • Base fiscal.
  • Unidad de impuesto provincial.
  • Moneda de poder.

Roma dominaba territorios agrícolas estratégicos (Sicilia, Egipto, Norte de África). El control de estas regiones garantizaba estabilidad del suministro.

El ejército dependía de este circuito:

Producción → Recaudación → Transporte → Almacenamiento → Distribución.

Los horrea militares excavados en múltiples provincias muestran arquitectura diseñada para preservar grano seco: ventilación elevada, suelos aislados, protección contra humedad.

El cereal seco tiene ventajas fundamentales:

  • Bajo peso relativo por caloría.
  • Larga conservación.
  • Posibilidad de transporte masivo por vía fluvial.

Esto permite sostener ejércitos alejados del núcleo urbano.

2. Transformación del grano: trabajo incorporado

El hecho de que el soldado moliera su propio grano no es trivial.

Implica:

  • Participación activa en preparación.
  • Autonomía básica.
  • Distribución del trabajo.

Molinos manuales hallados en barracones muestran que el procesamiento era cotidiano. Con lo cual, el pan no era lujo, era labor.

3. Arqueobotánica detallada

Estudios en Vindolanda han identificado:

  • Trigo común.
  • Espelta.
  • Cebada.
  • Lentejas.
  • Cilantro.
  • Semillas de amapola.
  • Restos de frutas secas.

Demostrando que la dieta no era puramente cereal-puls. Había condimentos y variedad regional. Como por ejemplo en regiones germánicas, se han hallado restos de col y nabos, sugiriendo una adaptación local.

4. Evidencia zooarqueológica ampliada

Restos óseos animales en campamentos muestran:

  • Alta frecuencia de cerdo.
  • Presencia variable de bovino.
  • Ocasional caza local.

El cerdo era ideal para abastecimiento rápido. Su carne podía salarse.

El análisis de marcas de corte en huesos indica procesamiento sistemático, no consumo improvisado.

5. Análisis isotópicos y debate académico

Estudios en cementerios militares de Britania (por ejemplo, York) muestran valores de δ15N compatibles con dieta mixta.

Esto implica:

  • Consumo regular de proteína animal.
  • Pero no predominio carnívoro.

La dieta romana no era vegetariana estricta, pero tampoco carnívora dominante. Entendiendo de esta forma que el equilibrio parece haber sido pragmático.

6. Hidratación y posca ampliado

El posca no solo mejora potabilidad, también aporta sabor en condiciones donde el agua puede resultar desagradable. Las fuentes sugieren que el vinagre era común en ejército y clases populares.

No es bebida de élite; es una bebida funcional.

Museo del Bardo - Túnez

Museo Gregoriano Profano - Ciudad del Vaticano


III. ENTRENAMIENTO: DISCIPLINA COMO MÉTODO DE TRANSFORMACIÓN CORPORAL

1. El entrenamiento como cultura, no como preparación puntual

Uno de los errores más frecuentes en la visión moderna del ejército romano es imaginar el entrenamiento como una fase previa al combate. Las fuentes antiguas y la arqueología indican algo distinto: el entrenamiento era una condición permanente.

Vegetio, aunque tardío (siglo IV d.C.), insiste en que la decadencia militar romana comenzó cuando se abandonó el entrenamiento riguroso. Su insistencia revela que el ideal normativo romano identificaba disciplina y repetición como esencia del éxito militar.¹⁵

El verbo exercere —de donde proviene “ejército”— significa literalmente “mantener en actividad”, “trabajar sin descanso”. El ejército es, etimológicamente, un cuerpo ejercitado.

2. Armas de madera y sobrecarga controlada

Vegetio afirma:

“Tirones ad palum cotidie exerceantur... scutis ligneis et gladiis ligneis, duplo pondere quam veris.”
(“Los reclutas deben ejercitarse diariamente contra el poste… con escudos y espadas de madera, del doble de peso que los reales.”)¹⁶

Esta afirmación no es trivial. Implica:

  • Conciencia de que la dificultad en entrenamiento mejora rendimiento real.
  • Método estructurado.
  • Repetición diaria.

No estamos ante improvisación. Estamos ante sistema.

La arqueología ha identificado estructuras interpretadas como áreas de entrenamiento en varios campamentos permanentes. El llamado campus no era espacio simbólico; era lugar de práctica.

Ilustración de Sean O´Brogain

3. Marchas y carga como escuela física

La expresión muli Mariani (mulos de Mario) refleja la dureza de las marchas con equipo completo.

La sarcina incluía:

  • Raciones.
  • Estacas para campamento.
  • Utensilios de cocina.
  • Herramientas de excavación.
  • Equipo personal.

El soldado transportaba su mundo.

Desde la evidencia osteológica, se observan adaptaciones en huesos largos de extremidades inferiores en restos asociados a contextos militares. Estudios bioarqueológicos indican robustez compatible con carga repetida prolongada.¹⁷

Pero más allá de lo fisiológico, la marcha tenía dimensión psicológica: cohesionaba la unidad. La fatiga compartida crea identidad colectiva.

4. El entrenamiento como ritual de pertenencia

No debemos reducir el entrenamiento a preparación física. Era ritual de incorporación.

El recluta aprendía:

  • Postura.
  • Manejo de armas.
  • Respuesta a órdenes.
  • Sincronización en formación.

La repetición no solo fortalecía músculos; inscribía obediencia. El cuerpo aprendía a reaccionar antes de deliberar.

La automatización en combate es resultado de esa repetición.


IV. ÁMBITO BÉLICO: VIOLENCIA ORGANIZADA Y CONTROLADA

1. Formación y estructura

La legión no era una masa amorfa. Estaba dividida en:

  • Cohortes.
  • Centurias.
  • Decurias.

Cada nivel tenía mando claro.

Polibio describe con admiración la organización manipular republicana.¹⁸ Aunque el sistema evoluciona en el Imperio, el principio permanece: estructura jerárquica rígida.

La formación cerrada reducía la exposición individual. El soldado luchaba protegido por el escudo del compañero.

La famosa formación testudo no era acrobacia táctica ocasional; era la expresión máxima de coordinación colectiva.

Columna de Trajano - Roma

2. Control emocional

Josefo observa que la fuerza romana reside en su disciplina más que en su furor.¹⁹ El combate antiguo implicaba una cercanía física brutal, así que el control emocional era crucial. Gracias al entrenamiento repetido se reducía el pánico. El soldado sabía dónde colocarse, cómo avanzar, cuándo retroceder...

La violencia romana era metódica.

3. Trauma y supervivencia

Estudios paleopatológicos muestran:

  • Fracturas cicatrizadas.
  • Lesiones cortantes consolidadas.
  • Heridas penetrantes sobrevividas.

Esto indica:

  • Atención médica básica.
  • Capacidad de recuperación.
  • Organización sanitaria dentro de unidades.

La epigrafía menciona medici militares adscritos a legiones.²⁰ No hablamos de medicina moderna, pero sí de una estructura organizada.

4. Ingeniería como prolongación de la guerra

El ámbito bélico romano no se limitaba al choque frontal.

Incluía:

  • Asedios.
  • Construcción de rampas.
  • Fortificaciones permanentes.
  • Puentes y caminos.

La ingeniería era parte integral de la guerra; esto exige soldados capaces de alternar: combate-construcción.


V. VIDA COTIDIANA: MÁS ALLÁ DEL COMBATE

1. Vindolanda y la humanidad documentada

Invitación para una fiesta de cumpleaños - Museo Británico, Londres

Las tablillas de Vindolanda constituyen uno de los hallazgos más importantes para comprender la vida cotidiana militar.

Una carta que dice:

“Soror, ad diem sollemnem natalem meum rogo ut venias…”²¹
(“Hermana, te ruego que vengas a mi cumpleaños…”)

Esto muestra:

  • Vida social activa.
  • Presencia femenina.
  • Redes afectivas.

2. Las canabae y la familia

Aunque formalmente el matrimonio estuvo restringido durante parte del Imperio, la convivencia con parejas e hijos en asentamientos adyacentes está arqueológicamente documentada.

Las canabae se desarrollaban alrededor de campamentos permanentes.

Eran espacios híbridos:

  • Comercio.
  • Familia.
  • Artesanía.
  • Religión.

El ejército era un núcleo generador de urbanización.

3. Religión y ritual

Los legionarios practicaban culto:

  • A dioses tradicionales.
  • A divinidades locales.
  • Al emperador.

La religión reforzaba la cohesión y la legitimidad.

Esto nos lo confirman los altares y dedicatorias hallados en campamentos.

4. Economía interna

Los soldados recibían una paga regular; participaban en las economías locales; compraban algunos productos adicionales...

La vida militar no era una pobreza absoluta sino una economía regulada.


VI. SÍNTESIS GENERAL: EL LEGIONARIO COMO PRODUCTO INSTITUCIONAL

Si integramos todas las dimensiones, emerge un perfil coherente:

  • Alimentación basada en cereal con complemento proteico.
  • Entrenamiento repetido sistemáticamente.
  • Marchas y construcción como rutina.
  • Violencia organizada colectivamente.
  • Comunidad social integrada.

Roma no produjo guerreros carismáticos; produjo cuerpos reproducibles. El secreto no fue la fuerza individual, sino la organización sostenida.


BIBLIOGRAFÍA

Fuentes antiguas:

  • Polibio, Historias.
  • Julio César, De Bello Gallico.
  • Vegetio, Epitoma Rei Militaris.
  • Flavio Josefo, Guerra de los Judíos.
  • Plinio el Viejo, Historia Natural.

Estudios modernos:

  • Erdkamp, P., Hunger and the Sword.
  • Breeze, D. & Maxfield, V., Service in the Roman Army.
  • Goldsworthy, A., The Complete Roman Army.
  • Coulston & Bishop, Roman Military Equipment.
  • Davies, R.W., “The Roman Military Diet”, Britannia.
  • Bowman & Thomas, Vindolanda Tablets.

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